Jueves 4 de agosto de 2016

 

4   JUEVES. SAN JUAN MARÍA VIANNEY, presbítero,

memoria obligatoria

 

 

Santo del día:

S. Juan María Vianney, m.o.; Eleuterio; Ía; Rubén; Tertuliano;

Bto. Gundisalvo Gonzalo

 

 

Misa de la memoria (blanco)

 

 

Jer
31, 31-34.
Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados.
-
Sal
50.
R.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
-
Mt
16, 13-23.
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

 

 

LECC.: vol. IV. (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).

 

 

- Am 7, 10-17.

Ve y profetiza a mi pueblo.

 

- Sal 18.

R.- Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente

justos.

 

- Mt 9, 1-8.

La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

 

 

o bien: cf. vol. V (o bien: vol. IV de las nuevas ediciones).

 

 

 

XVIII del T.O. 2ª del salterio Jer 31,31-34 / Sal 50 / Mt 16,13-23

 

 

 


Primera Lectura: Jeremías 31,31-34

 

Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–. Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días –oráculo del Señor–: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor –oráculo del Señor–, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

 

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Salmo responsorial: Salmo 50,12-13.14-15.18-19

 

 

 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

 

 

 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

 

 

 

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

 

 

 

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh Dios, tú no lo desprecias.
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Evangelio: según san Mateo 16,13-23

 

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Biena- venturado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

 

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Reflexión: ¿Quién es Jesús para mí?

La respuesta de Pedro confesando a Jesús Mesías, Hijo de Dios vivo, le merece que Jesús lo declare bienaventurado, porque se lo ha revelado el Padre. Sobre la Roca que es Simón y su confesión de fe se fundará una nueva comunidad, la Iglesia de Jesús, el nuevo pueblo de Dios, contra la que nada podrán los poderes del infierno. El mismo Pedro, poco después, se resiste a aceptar para Jesús el paso por la pasión y la muerte y Jesús le ordena «quitarse de su vista» y le llama «Satanás», porque «piensa como los hombres y no como Dios». ¡Qué largo camino le espera a Pedro hasta descubrir y aceptar el misterioso destino de Jesús! Le ha confesado Mesías, Hijo de Dios, pero todavía no parece dispuesto a encarnar en su vida ese reconocimiento. Quien sea Jesús para mí lo expresan no mis palabras, sino mi forma de pensar y sobre todo de vivir

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Tus pecados están perdonados

 

 

El relato de este milagro presenta dos novedades: Jesús lo realiza al ver la fe de los que presentan al paralítico. Aprecia esta oración de intercesión hecha con fe que tantas veces ha recomendado. Pero la respuesta de Jesús no es la esperada, y desconcierta a los fariseos. Comienza dando ánimos al paralítico y declarando perdonados sus pecados. Jesús no quiere decir que su enfermedad esté causada por ellos. Ha percibido la situación real del enfermo y responde a ella en su totalidad. Con su respuesta da lugar a la reacción de los fariseos y a la revelación de su propia identidad que ellos son incapaces de reconocer. Efectivamente, solo Dios puede perdonar los pecados. Por eso, si él puede hacerlo, podrá también curar al enfermo. Y curando al paralítico les hace ver que al Hijo del hombre le ha sido dado poder para perdonar los pecados: viene de parte de Dios. Las multitudes han comprendido el mensaje: quedan sobrecogidas ante la irrupción del poder de Dios en Jesús y le glorifican por habérselo dado. Y el paralítico se levanta y vuelve a su casa perdonado y curado.

 

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¡Señor, que en nuestras plegarias de los fieles nos llevemos los unos a los otros a tu presencia con la fe de los que te presentaron al paralítico!.

 

 

 

                                                      Fuentes: Editorial San Pablo y CEE