Lunes 1 de agosto de 2016

LUNES. SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor, 

memoria obligatoria

 

Santo del día:

S. Alfonso María de Ligorio, m.o.; Fe, Esperanza y Caridad; Pedro ad Vincula; Pedro Fabro

 

 

Misa de la memoria (blanco)

 

 

 

LECC.: vol. IV. (o bien: cf. vol. III-par de las nuevas ediciones).

 

 

- Jer 28, 1-17.

Ananías, el Señor te ha enviado, y tú has inducido al pueblo

a una falsa confianza.

 

- Sal 118.

R.- Instrúyeme, Señor, en tus leyes.

 

- Mt 14, 13-21.

Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición y dio panes a los discípulos;

los discípulos se los dieron a la gente.

 

 

o bien: cif vol. V. (o bien: cf. vol. IV de las nuevas ediciones).

 

 

 

XVIII del T.O. 2ª del salterio Jer 28,1-17 / Sal 118 / Mt 14,13-21

 

 

 


Primera Lectura: Jeremías 28,1-17

 

Al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, el quinto mes, Jananías, hijo de Azur, profeta de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo: «Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “He roto el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar el ajuar del templo, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó de este lugar para llevárselo a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a todos los desterrados de Judá que marcharon a Babilonia, yo mismo los haré volver a este lugar –oráculo del Señor– cuando rompa el yugo del rey de Babilonia”». El profeta Jeremías respondió al profeta Jananías delante de los sacerdotes y de toda la gente que estaba en el templo. Le dijo así el profeta Jeremías: «¡Así sea; así lo haga el Señor! Que el Señor confirme la palabra que has profetizado y devuelva de Babilonia a este lugar el ajuar del templo y a todos los que están allí desterrados. Pero escucha la palabra que voy a pronunciar en tu presencia y ante toda la gente aquí reunida: «Los profetas que nos precedieron a ti y a mí, desde tiempos antiguos, profetizaron a países numerosos y a reyes poderosos guerras, calamidades y pestes. Si un profeta profetizaba prosperidad, solo era reconocido como profeta auténtico enviado por el Señor cuando se cumplía su palabra». Entonces Jananías arrancó el yugo del cuello del profeta Jeremías y lo rompió. Después dijo Jananías a todos los presentes: «Esto dice el Señor: “De este modo romperé del cuello de todas las naciones el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, antes de dos años”». El profeta Jeremías se marchó. Vino la palabra del Señor a Jeremías después de que Jananías hubo roto el yugo del cuello del profeta Jeremías. El Señor le dijo: «Ve y dile a Jananías: Esto dice el Señor: “Tú has roto un yugo de madera, pero yo haré un yugo de hierro. Porque esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Pondré un yugo de hierro al cuello de todas estas naciones para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y se le sometan. Le entregaré hasta los animales salvajes”». El profeta Jeremías dijo al profeta Jananías: «Escúchame, Jananías: El Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por tanto, esto dice el Señor: Voy a hacerte desaparecer de la tierra; este año morirás porque has predicado rebelión contra el Señor». Y el profeta Jananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.

 

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Salmo responsorial: Salmo 118,29.43.79.80.95.102

 

 

 

Instrúyeme, Señor, en tus leyes.

 

 

 

Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu ley.

 

 

 

No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos.

 

 

 

Vuelvan a mí los que te temen y hacen caso de tus preceptos.

 

 

 

Sea mi corazón perfecto en tus decretos, así no quedaré avergonzado.

 

 

 

Los malvados me esperaban para perderme, pero yo meditaba tus preceptos.

 

 

 

No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.
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Evangelio: según san Mateo 14,13-21

 

En aquel tiempo, al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

 

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Reflexión: Dadles vosotros de comer

«La gente», atraída por Jesús, se adelanta con sus enfermos a Jesús y lo recibe al desembarcar en busca de un lugar tranquilo. Los discípulos representan la postura humana ante esa situación. En descampado y con tan escasos recursos, «despídelos y que vayan a comprarse pan». Jesús contempla la situación con otros ojos: se compadece, sana a los enfermos y ordena a los suyos: «dadles vosotros de comer». Y tomando lo poco que tienen, alza los ojos al cielo, pronuncia la bendición, parte los panes y se los da a los discípulos. Lo poco, compartido, se ha hecho suficiente hasta sobrar. Los discípulos ahora se tornan colaboradores de Jesús: son ellos los que «les dan los panes a la gente». Eran cinco mil; representan a la humanidad entera de la que Jesús se proclamará «Pan de vida»

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Tres enseñanzas del Maestro

 

 

El primer versículo es una recomendación para la misión de los discípulos y parece significar, en términos metafóricos que pueden herir algunas sensibilidades, que el evangelio, el mensaje del Reino –simbolizado en la imagen de las perlas– debe ser anunciado con cuidado y teniendo en cuenta la capacidad de escucha y las disposiciones de aquellos a quienes se les anuncia. Por eso las normas para la evangelización insisten en la necesidad de preparar el anuncio del mensaje con la presencia, llena de simpatía, de los evangelizadores entre aquellos a quienes evangelizan; el diálogo y la colaboración en la respuesta a sus problemas; y el testimonio de vida de los evangelizadores. El verso siguiente reproduce la «regla de oro» de la conducta humana, presente prácticamente en todas las religiones y sabidurías de la humanidad, terreno común de entendimiento entre todas ellas, y posible base para una ética mundial. Los dos últimos versos recomiendan a los discípulos, con las imágenes universales del camino y de la puerta, seguir el camino estrecho que recorrió Jesús, para poder pasar a la vida eterna por la puerta que es él para los que le siguen.

 

 

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Hemos creído en ti, Señor. Ayúdanos a comprender que la fe solo se hace realidad en el seguimiento de tus pasos por el camino hacia Dios que tú nos has abierto

 

 

 

clina a poner todo a mi servicio, a convertirme en el centro de todo!.

 

                                                      Fuentes: Editorial San Pablo y CEE