Sábado 30 de julio de 2016

30 SÁBADO. Hasta la hora nona

 

SÁBADO DE LA XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

o SANTA MARÍA EN SÁBADO, memoria libre

o SAN PEDRO CRISÓLOGO, obispo y doctor, m. libre

 

 
Santo del día:

S. Pedro Crisólogo, m.l.; Braulio María, Federico y comp.; Bto. Eduardo Powell; Bto. Faustino

 

 

Misa de sábado (verde)  o de una de las memoria (blanco)

 

 

LECC.:
vol.
IV
(o bien: vol.
III
-par
de las nuevas ediciones).
-
Jer
26, 11-16. 24.
Ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a
predicar estas palabras.
-
Sal
68.
R.
Escúchame, Señor, el día de tu favor.
-
Mt
14, 1-12.
Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a
contárselo a Jesús.
o bien:
cf. vol.
V
(o bien: vol.
IV
de las nuevas ediciones).

 

 

LECC.: vol. IV.  (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones)

 

- Am 9, 11-15.

Haré volver los cautivos de Israel y los plantaré en su campo.

 

- Sal 84.

R.- Dios anuncia la paz a su pueblo.

 

- Mt 9, 14-17.

¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos?

 

o bien:

cf. vol. V (o bien: vol. IV de las nuevas ediciones).

 

 

30 SÁBADO. Después de la hora nona

 

DECIMOCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Segunda semana del salterio

 

Misa vespertina del XVIII Domingo del tiempo ordinario (verde)

 

 

XVII del T.O. 1ª del salterio Jer 26,11-16.24 / Sal 68 / Mt 14,1-12

 

 

 


Primera Lectura: Jeremías 26,11-16.24

 

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los magistrados y a la gente: «Este hombre es reo de muerte, pues ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis podido oír vosotros mismos». Jeremías respondió a los magistrados y a todos los presentes: «El Señor me ha enviado a profetizar contra este templo y esta ciudad todo lo que acabáis de oír. Ahora bien, si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones y escucháis la voz del Señor vuestro Dios, el Señor se arrepentirá de la amenaza que ha pronunciado contra vosotros. Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca. Pero sabedlo bien: si me matáis, os haréis responsables de sangre inocente, que caerá sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque es cierto que el Señor me ha enviado para que os comunique personalmente estas palabras». Los magistrados del pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: «Este hombre no es reo de muerte, pues nos ha hablado en nombre del Señor nuestro Dios». Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran al pueblo y le dieran muerte.

 

 ___________________________________________________________________________________________________________

 

 

 

Salmo responsorial: Salmo 68,15-16.30-31.33-34

 

 

 

Escúchame, Señor, el día de tu favor.

 

 

 

Arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo. Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino, que no se cierre la poza sobre mí.

 

 

 

Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, o proclamaré su grandeza con acción de gracias.

 

 

 

Miradlo, los humildes, y alegraos; buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.
___________________________________________________________________________________________________________

 

 

 

Evangelio: según san Mateo 14,1-12

En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan decía que no le era lícito vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran, y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

___________________________________________________________________________________________________________

Reflexión: Juan, precursor de Jesús también en su muerte

En varias ocasiones se refieren los evangelios al rumor que corría entre la gente de que Jesús, cuya doctrina y milagros asombran al pueblo, fuera Juan Bautista devuelto a la vida. Herodes Antipas, abrumado por el remordimiento que le produce haber dado muerte al Bautista que le afeaba haber tomado como esposa a Herodías, la mujer de su hermano, atribuye la fama de Jesús y sus prodigios a que efectivamente sea Juan Bautista resucitado. Juan Bautista fue reconocido por Jesús como «profeta y más que profeta». También Jesús fue considerado «profeta poderoso en obras y palabras», que denunció la perversión de la religión y la opresión sobre el pueblo de los dirigentes religiosos y políticos del momento. Los dos correrán la suerte de tantos otros profetas en el Antiguo Testamento. Al narrar la muerte del Precursor a manos de Herodes, Mateo adelanta la de Jesús condenado por el Sanedrín y ejecutado por Pilato.

___________________________________________________________________________________________________________

 

Frase del día

 

 

Concede, Señor, a tu Iglesia que no se apague en ella el espíritu de la profecía que la consuele con sus promesas y la estimule con sus críticas.

 
___________________________________________
 

 

La alegría del Evangelio

 

 

Los discípulos de Juan llevaban como el Bautista una vida de penitencia y reprochan a Jesús que sus discípulos no observen como ellos y los fariseos la práctica del ayuno. La respuesta de Jesús refleja la conciencia de que con él irrumpe en el mundo el Evangelio, la buena noticia de que en su persona Dios visita a su pueblo para salvarlo, y se hace realidad la nueva alianza de Dios con su pueblo que habían anunciado los profetas. Al ayuno, manifestación externa de la aflicción por la lejanía de Dios, sucede la fiesta con que se celebra la visibilización de su Presencia en la persona y la vida de su Hijo encarnado. Con la llegada del reino de Dios, hasta los pobres y los que lloran son declarados bienaventurados; y Jesús declarará dichosos los ojos de los discípulos que ven lo que otros desearon ver y no vieron. El vino nuevo de la nueva alianza requiere los odres nuevos de una nueva forma de vida, envuelta en el clima de alegría que procuran el Evangelio, y la fe, la esperanza y el amor con que estamos llamados a responder a él. Es verdad que somos hijos de Dios, y que todavía no se ha manifestado lo que estamos llamados a ser. Pero él «está ya con nosotros hasta el final de los días», animando nuestra peregrinación con la esperanza de su venida definitiva.

 

 

___________________________________

 

 

 

 Expresemos nuestra alegría y nuestra admiración en una oración de alabanza: ¡Bendito sea el Señor, nuestro Dios, porque en Jesucristo ha visitado y redimido a su pueblo!

 

 

 

 

                                                      Fuentes: Editorial San Pablo y CEE