Viernes 5 de agosto de 2016

 

VIERNES DE LA XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO,feria

o LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA,

memoria libre

 

 
Santo del día:

Dedicación de la Basílica de Santa María, m.l.; Nª Sra. de las Nieves;

La Virgen Blanca; Bto. Federico Janssoone

 

 

Misa de feria (verde) o de la memoria (blanco)

 

 

 

LECC.: vol. IV. (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones)

 

- Nah 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7.

Ay de la ciudad sangrienta.

 

- Salmo: Dt 32, 35-36. 39. 41.

R. Yo doy la muerte y la vida.

 

- Mt 16, 24-28.

¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su vida?

 

 

 

 

XVIII del T.O. 2ª del salterio

Nah 2,1.3; 3,1-3.6-7 /Sal Dt 32,35-41 / Mt 16,24-28

 


Primera Lectura:

Nahún 2,1.3; 3,1-3.6-7

Mirad sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz. Celebra tus fiestas, Judá, cumple tus votos, que no pasará más por ti el perverso; se acabó la destrucción. Pues restaura el Señor la dignidad de Jacob y de Israel: los desoladores los habían asolado, habían destrozado sus sarmientos. ¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda ella mentira, llena de rapiña, insaciable de botín! Ruido de látigo, estrépito de ruedas, galope de caballos, brincos de carros, asalto de caballería, brillo de espadas, fulgor de lanzas, heridos sin cuento, montones de muertos, cadáveres sin fin, tropiezan en cadáveres. Echaré sobre ti inmundicias, te deshonraré públicamente. Todo el que te vea huirá de ti diciendo: «¡Nínive está devastada! ¿Quién se compadecerá? ¿Dónde encontraré quien te consuele?».

 

 

Salmo responsorial:

Deuteronomio 32,35cd-36ab.39abcd.41

 

R.-Yo doy la muerte y la vida.

 

Pues el día de su ruina se acerca, y se precipita su destino. El Señor hará justicia a su pueblo, y tendrá piedad de sus siervos. R

 

Pero ahora mirad: soy yo, solo yo, y no hay dios fuera de mí. Yo doy la muerte y la vida, yo hiero y yo curo. R

 

Cuando afile el rayo de mi espada, y empuñe en mi mano el juicio, tomaré venganza de mis enemigos y daré su paga a los que me aborrecen. R

 

 

 

Evangelio:

según san Mateo 16,24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

 
 
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Creer en Jesucristo es seguirle

 

 

El texto del evangelio de hoy expone las consecuencias de la confesión de Pedro sobre la vida de los discípulos. Ya antes había mostrado Mateo la inutilidad de la confesión: «Señor, Señor», si no se cumple la voluntad del Padre. El texto de hoy muestra que reconocer a Jesús como Hijo de Dios comporta recorrer tras él el camino de la abnegación de sí mismo que condujo a Jesús a la resurrección pasando por la cruz. Negarse a sí mismo y tomar la cruz no es buscar el sufrimiento por el sufrimiento, es abandonar la pretensión de salvarse a sí mismo; de poner en sí mismo la razón de ser y el sentido de la propia vida, y optar por una forma de vida que pone en el reconocimiento de Dios y en el servicio a los otros el ideal, la realización, la salvación de su vida. Es ser creyente en Jesucristo, revelación del amor infinito de Dios en la entrega de sí mismo por amor a nosotros y por nuestra salvación. Es encarnar nuestra confesión de fe en Jesucristo, Hijo de Dios, en una forma de vida que siga los pasos de la suya..

 

 

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¡Enséñame a seguir tus sendas, Señor! ¡Indícame, Señor, tus caminos!

 

 

 

 

                                                      Fuentes: Editorial San Pablo y CEE